Aproximación conceptual.

Es fundamental trabajar sobre la diferenciación entre tecnocracia y tecnologicismo y formación de una cultura para el desarrollo científico y tecnológico.
La tecnocracia se refiere a un estilo de gobierno y a una forma de pensar, que considera que en la “técnica” y en la “tecnología” se encuentran las respuestas a los graves problemas que hoy se viven.
En la tecnocracia se observa una supeditación a la técnica del análisis y la reflexión para la toma de decisiones responsable e informada, que considera los múltiples y variados aspectos que intervienen en un problema sobre el que hay que tomar decisiones. Se afirma que los tecnócratas que se encuentran actualmente en el poder de muchos países del orbe han sustituido a la clase política.

La tendencia tecnócrata en el gobierno implica un cambio en la mentalidad que cancela, o cuando menos inhibe en gran medida, la capacidad de pensar y la creatividad humanas, esenciales en el desarrollo científico y tecnológico. Esto es, la tecnocracia implica un cambio en la mentalidad en el que realmente la ciencia y a la tecnología juegan un papel nodal en
nuestros países pero conciben mas como importación de nuevas tecnologías que como apropiación o como innovación tecnológica.

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En tanto que la tecnocracia o bien sustituya a los políticos tradicionales en sus funciones de gestión, o eventualmente los desplace como centro de la decisión, o los obligue a adaptarse a sus principios, nos encontramos con un cambio fundamental en la estructura estatal y en la naturaleza del régimen político , el cual, varía en razón de la transición de un esquema de mentalidad política hacia uno tecnocrático, lo que determina nuevas normas y valores en el poder o la adaptación de los ya existentes a la nueva mentalidad. (Suárez, 1990, p.100)., tecnologicista, y otros, son términos que se vinculan con la noción de tecnocracia y tecnócrata; por ello se considera importante diferenciar a este conjunto de nociones, de significantes y sus campos de significación, de la necesidad e importancia de coadyuvar a la formación de una cultura para la tecnología, para la innovación tecnológica, vinculada a las aspiraciones de independencia, fortaleza, progreso, desarrollo, creatividad, etc., y se refieren de manera nodal a que:La revolución tecnológica no sólo afecta los modos de producción; está originando inclusive la necesidad de “pensar diferente” [y el hecho de que ] se están generando […] nuevas formas de organización: por una parte, las fronteras entre países se debaten ante la facilidad de enviar y recibir mensajes por encima de ellas; por otra parte, las relaciones entre países en todos los órdenes se multiplican y profundizan (Eteva, 1993, p.93)
En la última década y media se ha desarrollado en nuestro ambiente educativo – y en el de otros países de la región latinoamericana – un rechazo que ha llegado a ser prácticamente fóbico en relación con la “técnica”. Esta situación ha afectado la mentalidad de los profesionistas, principalmente de las aéreas sociales y de tendencias políticas progresistas y de izquierda, con lo cual se ha constituido una paradoja compleja y paralizante, ya que por un lado se afirma la necesidad de la independencia del país y el rechazo al imperialismo, y por otra se inhibe la capacidad de pensar, el análisis crítico, la creatividad y el interés por la innovación tecnológica.
En este estudio se considera que el análisis sistémico y riguroso de la independencia tecnológica y el posible impacto de la misma para mejorar el estado de cosas en nuestros países, así como la formación de una cultura para la innovación tecnológica, permitirán el desmantelamiento de la paradoja señalada y aportaran elementos para que en los currículos universitarios se encentren caminos específicos para propiciar el desarrollo de ambos elementos en la formación de los estudiantes.
Cuando la técnica sólo admite su propia mirada para afirmar que es lo que es, no propicia reflexión alguna sobre la técnica, sino que produce discursos de la técnica que, al autocomplacerse, diluye su distancia con la naturaleza, se vuelve naturaleza ella misma. El equívoco se sustenta en la creencia de que la técnica es una y necesaria. El paso siguiente es la constitución de una ideología de la técnica que, en nuestro tiempo, se ha vuelto la ideología dominante y a la que podríamos denominar tecnologismo. La ideología de la técnica arrincona el pensamiento en una opción aporética: técnica vs. no técnica, que no sólo prescinde de la voluntad humana sino que se concibe como matriz en la que se gesta la propia naturaleza del hombre. Mencionar los atributos de la voluntad, sin embargo, está muy lejos de suponer que una misma técnica admite
usos sustancialmente distintos. El camino es inverso: la técnica lleva en sí la marca de la voluntad, que es anterior a la técnica y que depende de la percepción que los seres humanos tienen de sí mismos. La técnica construye el mundo pero hay una voluntad humana que previamente le ha dado su nacimiento. Se trata de algo raigalmente puesto a la doxa que la “naturaliza”. Si se desea escapar de la atenazante aporía señalada más arriba, es ineludible indagar en el origen.

La pasión por la tecnología es más bien una pasión por lo que viene, que en realidad es -en la mayoría de los casos- una reformulación de lo que ya tenemos. Es un equivalente de algo que ya existe, pero que suena a moderno: es lo que los lingüistas llaman un neologismo. Eso es el tecnologismo. Una situación que está a la orden del día.

Superación del Tecnologicismo.

El tecnologismo auspicia un destino humano que se realiza a través de la técnica y un destino de la técnica que se expresa en su instrumentalizad para dominar el mundo. En adelante, la magnitud de la grandeza de la técnica será medida por la mayor o menor capacidad de ejercer ese dominio. Así, para la técnica moderna no hay más futuro que el de su propia multiplicación dominadora; verdaderamente no hay futuro sino una expansión mimética del presente. Sólo si se acepta la existencia de algo estable en la naturaleza humana, que permanece a través de la técnica, puede pensarse en nuevos nacimientos, interrupciones en el tiempo, comienzos. En cambio si, como quiere el tecnologismo, la naturaleza humana admite ser moldeada, ninguna chispa, ningún misterioso acontecer puede cambiar el sentido del tiempo que se venía recorriendo.

La Tecnología y la Familia.






Pensamiento de Freire ante el Tecnologicismo.

Para Freire el ser humano, como ser de relaciones, es desafiado por la naturaleza. En cierto modo se encuentra en oposición a ella y la transforma con su trabajo. El mundo del hombre, en cuanto separado de él, es el resultado de esa transformación de la naturaleza. Y como esa transformación es humana intervención en la naturaleza, tenemos que el mundo del hombre es un mundo de cultura, cultivado por el hombre y ese mundo se prolonga de cultural a histórico, como el mismo hombre que la constituye.
Este mundo, básicamente exclusivo del hombre, en cuanto humano y social no existiría si no fuera un mundo de comunicaciones que según Freire, se comunican y dicen entre sí los hombres que lo constituyen. Mas aún, como mundo de interrelaciones constituyentes, no puede existir conocimiento humano ni cultura fuera de él.
exige un sujeto que piensa, un objeto pensado, que mediatiza al primer sujeto respecto a un segundo sujeto y la comunicación entre ambos, mediación que se da a través de signos lingüísticos. Así la mediación entre los dos sujetos se da en dos niveles: el objeto pensado y también, la comunicación, entre ambos, de lo que ambos piensan sobre el objeto. Por eso puede afirmar que el mundo humano es, ante todo, un mundo de comunicación.
Y todo parte de que Freire considera al ser humano como conciencia "encarnada" (lo llama cuerpo consciente) o conciencia intencionada al mundo (recuérdese el aspecto básico de la conciencia: conciencia de algo o hacia algo) o a la realidad. Todo lo que el hombre-conciencia hace tiene que ver con la realidad: actuar, pensar, hablar sobre ella. Esa realidad lo une-separa: lo media entre él y los demás hombres que también actúan, piensan y hablan sobre esa realidad y así, desde todos los vértices, los hombres actúan, piensan y hablan sobre esa realidad, con los demás hombres. Mediados por la realidad-mundo viven, en cultura, inter-subjetividad-comunicación esa realidad hecha multidimensional.
Por eso esta visión del pensar es transitiva como, por otra parte, ha de ser toda intersubjetividad: que siempre pasa a otros y está con otros. No basta sujeto pensante y objeto pensado; además se exige la presencia de otros sujetos pensantes que coparticipan en el pensar al objeto.


El Tecnologicismo como modo de control social.


La mayor «horizontalidad» que permite la intercomunicación en redes con respecto a otros medios de comunicación es sin duda real, pero ello no significa que pueda modificar la distribución social de los recursos significativos, entre los
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cuales destaca el acceso fluido a las nuevas técnicas de comunicación. Es indudable que Internet, no sólo potencialmente, supone un cambio importante respecto a los medios de comunicación de masas convencionales, caracterizados por su «centralidad» (difusión desde un polo emisor hacia un público considerado homogéneo), al permitir una comunicación bidireccional o multidireccional e interactiva. Ello posibilita la integración de comunidades distantes (mal llamadas «virtuales») que no requieren intermediaciones institucionales (políticas o de grupos empresariales) para interactuar. En la perspectiva más optimista –y en gran medida ingenua– de interpretación de este fenómeno, se considera a Internet como un nuevo espacio público «desintermediatizado» (Lévy, 2000).
La crítica a este enfoque «idealista» sostiene que la idea de un nuevo espacio público, transparente y accesible a todos, es errónea porque parte de un determinismo tecnológico que ignora el papel de los actores más poderosos (empresas, gobiernos, grupos sociales con mayor poder adquisitivo) en el nuevo sistema de comunicación y rehuye el análisis de «un doble proceso de segmentación y exclusión», que deja fuera de las redes a los sectores sociales y zonas geográficas de menores recursos (Herscovici, 2001). Es lo que hoy se suele designar como una «brecha tecnológica».
En oposición al enfoque que considera a la «sociedad de la información» como una nueva forma de sociedad posindustrial, las voces más realistas señalan que nos encontramos, más modestamente, en el paso de un modo de organización industrial a otro modo de organización industrial, en el marco de un mismo sistema social y económico. Desde esta óptica, el cambio de las normas de producción y consumo del fordismo al «gatesismo» –término afortunado de Gaëtane Tremblay para designar las formas de organización de Microsoft, la empresa creada y dirigida por William Gates– no supone ningún cambio de sociedad, sino que sólo entraña «la sumisión de la información y de la comunicación a las reglas que rigen la sociedad industrial» (Tremblay, 1996).